Codex Seraphiniaunus


Durante treinta meses transcurridos entre 1976 y 1978, el arquitecto italiano Luigi Serafini creo el famoso “Codex Seraphiniaunus”, un extraño y perturbador libro ilustrado de más de 400 páginas, con apariencia de libro medieval de carácter científico, pero que, realmente, se trata todo de una invención maravillosa y onírica acerca de un mundo ficticio

Con claras influencias del surrealismo de Dalí o de la fantasía simbólica de El Bosco, Serafini crea una especie de enciclopedia en la que trata un sinfín de temas, que van desde la botánica y la zoología hasta los deportes y el folklore de ese mundo imaginado. Y todo escrito en ese extraño idioma inventado, que durante años ha sido objeto de estudio de algunos criptógrafos y lingüistas, sin que nadie, hasta ahora, haya podido encontrar algún tipo de código. Parece más bien una broma cínica al modo del Manuscrito Voynich (del que algún día también hablaremos) Serafini jamás quiso explicar nada sobre esta curiosísima obra. Aunque en su testamento dice que será explicado cuando fallezca…

El libro es un compendio de imágenes imaginativas y provocadoras. En las secciones de zoología y botánica encontramos especies extrañísimas de animales y plantas (seres deformados, arboles con forma de objetos, coliflores con forma de nube, lechugas con forma de tijera…) En la sección de costumbres crea paisajes alucinantes e inverosímiles, donde la física parece sacada de la obra de Dalí o de Escher (arcoíris liquidos, antigravedad, antimateria…). En fin una locura digna de ser vista, aunque no se entienda nada, desarrollada en más de 500 ilustraciones.

El libro fue editado gracias a un curioso personaje: Franco María Ricci, erudito y aristócrata italiano, considerado uno de los mejores editores del mundo de obras de arte y bibliofilia, que se mojo en el asunto y le edito el Codex a Serafini en 1981, con una tirada inicial de 30.000 ejemplares, con una curiosa introducción escrita por Ricci: “Otros editores lucen en su catálogo el Códice Atlántico, de Leonardo da Vinci; yo estoy muy orgulloso de tener en mi colección el Codex seraphinianus, dibujado en Roma por un amanuense de nuestros días”.

“Cuando empecé a pensar en la lengua que había de acompañar las ilustraciones, me di cuenta de que estaba saliendo ella sola del lápiz”, cuenta Serafini. “De todas formas, creo que tiene elementos estéticos del alfabeto árabe, de la escritura cuneiforme y de algunas lenguas muertas”, admite. Decenas de expertos en lingüística han intentado, sin éxito, descifrar ese lenguaje. Algunos estudiosos lo vinculan al relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, esa intricada representación del cosmos escrita por Borges en 1941, y lo comparan incluso con el llamado manuscrito Voynich, un misterioso libro ilustrado escrito hace unos 500 años por un autor anónimo en un alfabeto irreconocible.

Algunos han creído ver en esa lengua serafiniana incluso un mensaje alienígena, y han convertido el Codex en una especie de biblia de la criptografía. En Internet hay decenas de páginas web y blogs de apasionados que intentan descubrir el significado oculto del Codex, como si nos encontráramos en un cuento fantástico. Pero la realidad es más sencilla y, a pesar de todo, resulta más misteriosa que la ciencia-ficción.

Hay gente que no me cree, gente que dice que he sido raptado por unos marcianos y otros que se arrancarían el pelo por encontrar una secuencia matemática en esa lengua”, dice Serafini con serenidad. “Pero no hay nada de todo eso. Yo soy firmemente laico y, sin embargo, creo en el arte. Si nos detenemos a mirar una pintura de Velázquez, vemos decenas de enigmas, misterios incluso indescifrables. Lo mismo ocurre con esa escritura que, de repente, me inventé. Se trata de una visión, de un lenguaje soñado. El misterio, para mí, consiste sencillamente en el acto artístico

El cineasta estadounidense Tim Burton posee varias copias, así como el músico Danny Elfman. Acerca de él han escrito el semiólogo Roland Barthes y Federico Fellini. Centenares de bibliófilos y coleccionistas hoy llegan a pagar 19.000 dólares en eBay por algunas impresiones limitadas (como la de la editorial estadounidense Abbeville) o por la primera edición de Franco Maria Ricci, quien hace dos años se retiró para construir un enorme y majestuoso laberinto en la campiña de Parma

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